Las universidades son mucho más que espacios de formación e investigación. También son lugares donde nacen ideas capaces de convertirse en empresas. Más del 65% de las spin-offstecnológicas tiene su origen en las universidades y cuatro de cada diez se han creado desde el año 2020. ¿Puede haber un mejor motivo para acercarnos a la universidad y descubrir el talento emprendedor?
Con esta idea nacen los Martes con Compluemprende, una iniciativa del Instituto de Emprendimiento Avanzado (IEAvanzado) junto a Compluemprende, el espacio de emprendimiento de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). El objetivo es conectar el talento universitario con el ecosistema emprendedor y acercar a los estudiantes la experiencia de quienes ya han convertido sus ideas en negocios.
El primer Martes con Compluemprende, conducido por Wilfredo Jurado, CEO del Instituto de Emprendimiento Avanzado, ha contado con María Gómez, impulsora de RePhlow, un proyecto que quiere resolver un problema medioambiental con innovación biológica. La propuesta en la que trabajan es recuperar el fósforo de las aguas industriales para evitar vertidos contaminantes.
Cómo recuperar el fósforo de las aguas industriales
RePhlow nació a partir de una tormenta de ideas de nueve estudiantes. Tras detectar la necesidad de nuevos perfiles que ayudarán a transformar la investigación en un proyecto, incorporaron a dos personas más. Hoy, sus once miembros trabajan para transformar una propuesta científica en una solución que pueda llegar a las empresas.
El punto de partida de su idea surgió al tratar de dar una solución a dos cuestiones: el impacto ambiental que tiene el exceso de fósforo en el agua y la necesidad de que las empresas se adapten a las nuevas normativas en materia de tratamiento de aguas. El problema se genera porque cuando el fósforo se acumula en el agua puede favorecer la proliferación descontrolada de algas, un fenómeno conocido como eutrofización que reduce el oxígeno disponible y pone en peligro la vida acuática.
La propuesta de RePhlow consiste en un sistema biológico que permite retirar el fósforo del agua antes de que llegue a los cauces. Para ello, trabajan encapsulando bacterias que lo absorben y acumulan en su interior. Al estar en pequeñas “burbujas” pueden recuperar las bacterias y facilitar la reutilización del fósforo, explica María.
El elemento diferencial es que el proyecto no busca únicamente retirar el fósforo del agua, sino también recuperarlo para que pueda volver a utilizarlo la misma empresa u otra. De este modo, RePhlow quiere contribuir tanto a la protección del medio ambiente como al aprovechamiento de recursos.
Validar el proyecto
Para muchas iniciativas surgidas en las universidades uno de los mayores retos es pasar de la investigación a una solución empresarialmente viable. En el caso de RePhlow, el equipo continúa realizando pruebas para conocer mejor el comportamiento de las bacterias y determinar hasta qué punto puede optimizar su capacidad de recuperación del fósforo.
“Queremos saber cuál es el máximo nivel que pueden alcanzar estas bacterias”, explica María.Pero para seguir avanzando necesitan financiación. Los proyectos de base biológica requieren recursos para realizar experimentos, validar resultados y comprobar cómo funciona la solución a distintas escalas.
La intención es validar RePhlow en un plazo aproximado de dos años y preparar su llegada al mercado. Para ello, el equipo tiene que demostrar que la solución funciona, determinar sus posibilidades de escalado y definir cómo se integrará en los procesos de las empresas.
Según los datos que maneja RePhlow, el mercado potencial europeo incluye alrededor de 1.500 empresas y depuradoras que, según estiman, podrían beneficiarse de su propuesta. En España, su objetivo es trabajar con entre 12 y 15 empresas en un horizonte de ocho años. Las normativas ambientales, como la Directiva (UE) 2024/3019 sobre el tratamiento de las aguas residuales, van a hacer imprescindibles la adopción de nuevas medidas de control.
Once estudiantes y un objetivo común
Uno de los temas que se abordó en los Martes con Compluemprende es la organización del equipo fundador. Para que una empresa salga adelante no basta con desarrollar una buena solución o estudiar el mercado. También es necesario coordinar al equipo, repartir responsabilidades y mantener a todos sus integrantes alineados con un objetivo común.
En el caso de RePhlow, las funciones están repartidas entre los once integrantes del proyecto. “Nos dividimos en parejas o tríos y cada uno tiene su rol. Yo soy un poco la que coordina”, explica María.
Una parte importante del equipo se dedica a la investigación, pero convertir el proyecto en una empresa viable pasa por aprender a tomar decisiones desde una perspectiva empresarial. “La mentalidad científica no es igual a la empresarial. Estamos haciendo la transición”, reconoce María.
Dar ese paso supone incorporar al rigor científico otras variables, como los costes, las necesidades de los clientes, la inversión necesaria, los plazos y la viabilidad de la solución. La transición de investigador a emprendedor requiere tiempo y aprendizaje. Para María las claves del emprendimiento son “paciencia, resiliencia, formación y sacrificio”. También destaca la importancia de rodearse de personas con las que se pueda trabajar bien y aprender a delegar.
Aprender de quienes ya están emprendiendo
La experiencia de María y el equipo de RePhlow es un ejemplo de cómo un proyecto científico evoluciona hasta convertirse en un negocio. Pero también, su experiencia, demuestra que para crear una empresa viable hay que tener más que una buena idea: hay que experimentar, validar, buscar financiación, organizar el equipo y entender las necesidades del mercado.
Con los Martes con Compluemprende, el IEAvanzado y la Universidad Complutense de Madrid abren un espacio para acercar estas experiencias a los estudiantes, poner en contacto el conocimiento universitario con la realidad empresarial y compartir aprendizajes que puedan ayudar a quienes se plantean emprender.